miércoles, 27 de mayo de 2015

Cocina del microrrelato. Última receta







Nos persiguen. Nos miramos. No hacen falta palabras. Los cinco salimos corriendo hacia el bosque, sabemos que en la casa del árbol estaremos a salvo. Cojo la liana y cruzo el río. Estoy fuera de peligro. Pero va el torpe de tu primo, incapaz de alcanzar la cuerda, y cae al agua salpicando.


martes, 12 de mayo de 2015

Cocina del microrrelato. 4ª Receta





Mi abuela siempre fue una mujer impertérrita, y por ello, en su juventud, orquestó piezas muy modernas y atrevidas para aquella época. Pero a día de hoy, no recuerda nada. Mi abuela tiene amnesia.

domingo, 3 de mayo de 2015

Cocina del microrrelato. 3ª Receta




Me asomé a la ventana para observar el incongruente alboroto que había causado mi vecina, la del séptimo, al lado de la marquesina. Un coche acababa de atropellar a su querido y desobediente caniche, y el conductor del vehículo fanfarroneaba ante la pobre mujer.

lunes, 27 de abril de 2015

Cocina del microrrelato. 2ª Receta



Caminaba absorta, analizando la sucinta antología que acababa de escuchar, cuando de repente hollé el cemento recién aplicado, resbalé y acabé con el tobillo roto.


domingo, 19 de abril de 2015

Cocina del microrrelato. 1ª Receta




Habíamos conseguido embaucar a todo ese público con aquel truco que en un principio nos había resultado ímprobo de conseguir, y cuando estábamos llegando al final, apareció ese correveidile y reveló a todos los presentes que no éramos más que unos simples estafadores.



lunes, 30 de marzo de 2015

Andanzas y desventuras de Juan Carlos I de España

Sepa vuestra merced, ante todas cosas, que mi nombre es Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, aunque soy más conocido como Juan Carlos I de España, hijo de Juan de Borbón y Battenberg, conde de Barcelona, y de María de las Mercedes de Borbón y Orleans, condesa consorte de Barcelona. Todos nosotros éramos residentes en Estoril (Portugal).

Y como vuestra merced me ha pedido que le cuente el caso por extenso me pareció contarlo desde el principio para que así tenga cumplido relato de mi persona y así vea y conozca mis andanzas y desventuras que me condujeron a causar esta sorpresa y tristeza o alegría (depende de a qué persona) al país español.

De mi infancia poco tengo que contarle. Convivía junto a mis padres, mis dos hermanas y mi hermano en una pequeña mansión en la ciudad anteriormente nombrada. Solo le diré que mi padre fue exiliado de España, convirtiéndose en el heredero a una corona a la que Franco nunca le dejó acceder.

Cuando entré en la adolescencia, Francisco Franco decidió elegir a uno de los descendientes de ese rey que no pudo ser como su sucesor, es decir, a mi hermano Alfonsito o a mí. Aún recuerdo el día en el que mi hermano y yo jugueteábamos con aquella arma aparentemente descargada y él, con apenas 15 años, acabo con una bala en la zona facial. Y como resultado de aquella tragedia, yo acabé siendo el elegido.

Gracias a mi amigo, el que fue dictador de este país, tuve el honor de acudir a numerosas ceremonias y banquetes de enorme importancia, y en uno de los cuales, coincidí con Sofía de Grecia y Dinamarca, la que, como vuestra merced bien sabrá, se convirtió en mi esposa. Fue el 22 de julio de 1969 el día en el que las Cortes Españolas ratificaron mi nombramiento como príncipe de España, y 6 años más tarde, dos días después de la muerte de mi querido Francisco Franco, fui proclamado rey de España.

De mis primeros años en la monarquía, no creo que deba contarle nada que vuestra merced no sepa, a excepción que pasé de vivir exiliado de este país a convertirme en una de las mayores fortunas de Europa.

Pasados los años Sofía y yo tuvimos tres queridos hijos, Elena, Cristina y Felipe, a los cuales tratamos de educar y enseñar de la mejor manera posible. Todos ellos fueron creciendo y todo marchaba prácticamente  sobre ruedas, hasta que mi hija la mediana contrajo matrimonio con quien vuestra merced ya conoce, Iñaki Urdangarin, personaje a través del cual comenzó una de mis grandes desventuras. Yo sé que mi yerno siempre me admiró a mí y a mis hazañas, pero nunca se dio cuenta de que hay ciertas empresas que tan solo cargos tan altos como el mío pueden realizar, y el muy patoso y torpe, tratando de imitarme, fue acusado por la justicia por corrupción, como vuestra merced ya se habrá enterado.

Después de este acontecimiento que causó mi pariente, pensé que mi mala suerte había terminado, pero como la Fortuna es tan caprichosa que no puede quedarse quieta, un día de estos llegó una desgracia aún mayor. En uno de mis viajes, mientras realizaba un safari por una de las selvas de Botsuana, un enorme elefante apareció ante mí, y yo, con una escopeta en mano, me vi prácticamente obligado a apretar el gatillo. Y yo, siendo en ese momento presidente de la Adena, causé un gran estruendo entre la población española. Pero ese escándalo fue mínimo si lo comparamos con el que ocasioné cuando los ciudadanos se enteraron de que en esta excursión estaba acompañado por la preciosa princesa Corinna. Desde entonces miles de chismorreos y cotilleos van de boca en boca por todas las esquinas del país, de los cuales no niego ninguno.

Y quiero que sepa vuestra merced, que fueron estos acaecimientos los que me llevaron al caso final, a abdicar y entregarle la corona a mi hijo Felipe. Y también quiero que sepa que vivo muy bien en La Zarzuela, dándome placeres y caprichos con el dinero que gané a lo largo de todos esos años en la monarquía.

De lo que aquí adelante me sucediere avisaré a vuestra merced.